EL NIÑO BOLERO DE CERRALVO, QUE LE VENDIO TORTILLAS AL MUNDO
- José Calixto Salinas Pompa
- 2 days ago
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Imagínese a un niño de 11 años, en Cerralvo, Nuevo León — un pueblo chico del noreste — que un día decide que ya no va a ir a la escuela. No porque fuera flojo. Todo lo contrario. Lo que pasa es que ese niño tenía la cabeza llena de ideas y las manos llenas de ganas de trabajar.
Ese niño se llamaba Roberto González Barrera. Y aunque nunca terminó ni la primaria, se convirtió en uno de los empresarios más grandes que ha dado México. Lo conocían como "El Maseco."
González Barrera nació en Cerralvo, Nuevo León, en 1930. Su primera actividad comercial fue la de alquilar cajones de bolear zapatos en su natal Cerralvo. Con esa humilde cajita de lustrar, aprendió lo más importante: que el trabajo honesto, todos los días, abre puertas que la escuela a veces no puede abrir.
Años después, después de convencer a su padre, compraron un molino de maíz en 1948 por 75 mil pesos y lo llevó a Cerralvo, donde comenzó lo que hoy es Maseca. ¿Se imagina? Un molino de pueblo. En Cerralvo. Ese fue el primer ladrillo del imperio.
En 1949, a los 19 años de edad, fundó una de las productoras de harina de maíz y tortillas más grandes del país… y del mundo. La idea era sencilla pero genial: en lugar de que cada familia fuera al molino a nixtamalizar su maíz cada mañana, ¿por qué no hacer una harina lista que cualquiera pudiera usar en casa? Así nació Maseca — Maíz Seco — y así nació también el apodo que lo acompañaría toda la vida: El Maseco.
El empresario mexicano llevó la tortilla a más de 112 países. Sí, leyó bien — 112 países. La tortilla de maíz, ese alimento que los mexicanos hemos comido desde antes de que hubiera México, llegó a Europa, Asia, Estados Unidos y hasta lugares donde nunca habían visto un comal, gracias a un señor que nació en un municipio de 15 mil habitantes en el noreste de Nuevo León.
Pero Don Roberto no se detuvo ahí. En junio de 1992, González Barrera y otros inversionistas compraron Banorte, e inició su carrera en el sistema financiero nacional. Actualmente, Banorte es la tercera institución bancaria más importante del país. El mismo hombre que empezó lustrando zapatos terminó siendo dueño de uno de los bancos más grandes de México.
También fue el creador del Patronato Cerralvo, obra filantrópica que ayuda a mexicanos en situaciones de emergencia. Nunca se le olvidó de dónde era. Nunca se le olvidó el pueblo. Dicen que aunque tenía aviones, mansiones y negocios en todo el mundo, Cerralvo siempre fue su casa.
Don Roberto falleció en 2012, a los 81 años. Pero dejó algo que no muere: la prueba de que no necesitas apellido famoso, ni escuela de lujo, ni haber nacido en ciudad grande para cambiarle la vida a millones de personas.
La próxima vez que usted abra una bolsa de Maseca para hacer tortillas, o que saque dinero en un cajero de Banorte, acuérdese de ese niño de Cerralvo que empezó con una cajita de bolear zapatos y le enseñó al mundo entero a comer tortilla